Todos los derechos para todos los/as niños/as
Recuerdo al
comienzo de la carrera cuando comencé mis primeras experiencias pedagógicas en
un jardín maternal. Estaba muy nerviosa y tenía mucha incertidumbre. Jamás
olvidaré ese lugar ya que fue mi primer trabajo como auxiliar de sala, pero
tampoco olvidaré dicha institución por una situación puntual con un niño y su
familia. Este sujeto se encontraba en una sala de cuatro y cada vez que llegaba
la hora de irse, sus padres se demoraban mucho tiempo, al punto de tener que
llamarlos para que vinieran a retirar al niño de la institución. A su vez este
niño venía desalineado, descuidado, con la ropa rota y desabrigado en los días
que hacía mucho frío. Está situación de desprotección me llamó la atención y me
preocupo tanto que decidí hablar con la directora de la institución de todo lo
que sucedía con este niño y de evaluar la situación ya que se trataba de una
figura de abandono con una persistente falta de higiene y cuidado corporal que podíamos entender como contraria a los
derechos que tienen que tener niños, niñas y adolescentes. Esto era un claro
indicador de negligencia y de una forma
de maltrato hacia el sujeto. Le propuse tener una reunión con sus padres para pensar
en estrategias para abordar esta problemática, pero nunca se presentaban.
Entonces decimos tomar cartas en el asunto nosotras mismas
desde nuestra labor y compromiso docente.
Personalmente está situación me generaba tristeza e impotencia pero no podía
quedarme en esa sensación y comencé a brindarle, en los largos períodos que
estaba en la institución, a este niño una calidad de vida un poco más amorosa y
con más contención de la que le daban en su casa, si es que la tenía. Comencé a
entender sus sentimientos, sus emociones, como sus tristezas y enojos y
entenderlo como sujeto de derecho, a quien no se los brindaban. Entonces desde
el lugar de educadora traté de acompañar a este niño en cada momento y en cada
paso que daba, brindándole oportunidades para que pudiera disfrutar de sus
derechos como el resto de sus compañeros. Empezamos a generar situaciones lo
más amorosas posibles y experiencias que le significaran de manera positiva. A
pesar de este abandono que veíamos, el niño siempre se mostraba muy amigable y cariñoso con sus docentes.
Le sugerí a la directora realizar una denuncia ya que los
padres del mismo no estaban en condiciones de tener a cargo a un menor al cual
debían otorgarle todos sus derechos, pero con un poco de miedo se negó a mí
sugerencia. Esto me genero bronca y tristeza ya que era otra forma de descuido
y desprotección hacia ese niño pero a pesar de ello, desde nuestro lugar hicimos
todo lo posible por el niño, le brindamos afecto y le hicimos ver qué en su
jardín él tenía muchas personas que le daban contención.
La escuela como institución debe ser capaz de revisar sus
propias actitudes hacia el control de las conductas de los niños, niñas y
adolescentes. Es importante entender y saber que nuestro deber como docentes
debe ser atender a todos los/as niños/as, independientemente de los contenidos
curriculares. Resulta ser una tarea muy complicada pero no imposible. Asimismo,
la escuela, los y las docentes deben garantizarles a los niños, las niñas y adolescentes
medidas de protección integral para protegerlos cuando sus derechos son
amenazados o violados, actuando como garantes para el cumplimiento de los
mismos ya que así lo propone la Ley n° 26.061. La Ley de Protección Integral de
los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes debe tener la aplicación obligatoria
de la misma, como bien lo dice en su Artículo n° 2.
Comentarios
Publicar un comentario